jueves, 12 de abril de 2012

INTELIGENCIA EMOCIONAL Y ESTRES

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 El estrés está presente en todas las actividades laborales del ser humano y resulta necesario para realizar cualquier tarea que requiera esfuerzo y responsabilidad.

            Necesitamos un cierto nivel de "activación" para movilizarnos y muchas actividades laborales pueden resultar sanamente excitantes, bien por que suponen realizar tareas que nos agradan y estamos habituados a efectuar con éxito o por el contrario porque suponen iniciativas que nos permiten aprender y afrontar nuevos retos. Este tipo de "activación" no nos produce ansiedad sino más bien resulta altamente motivante.

            Sólo cuando nos encontramos en un estado de activación que creemos que desborda nuestros propios recursos, cuando estamos sometidos a presiones y condiciones que sentimos que no podemos satisfacer, empezamos a sufrir las consecuencias de un incremento de los niveles de ansiedad que, de mantenerse, pueden provocar en nosotros trastornos psicosomáticos, psicológicos y laborales.

Concretamente en el terreno laboral, las personas que están sometidas a una situación de estrés, empiezan por mostrar inseguridad, indecisión y a postergar los asuntos mostrándose especialmente irritables. Más adelante empeoran los problemas con su equipo de trabajo, y frecuentemente, adoptan posiciones de desconfianza o cierto "pasotismo" con clara pérdida de la eficacia pudiendo llegar a perder toda motivación e interés por el trabajo.

Origen del estrés

            Los factores que llevan a esta situación de estrés pueden venir determinados por nuestro entorno empresarial, son los llamados factores estresantes de la organización entre los que podemos citar el exceso de responsabilidad, las responsabilidades no definidas, la falta de medios, especialmente si se produce a la vez un alto nivel de exigencia, las diferencias entre los principios personales y los de la cultura de la organización, problemas en el clima laboral o los cambios tecnológicos u organizativos, por citar solo algunos.

            Pero no podemos olvidar que el estrés es un estado emocional y como tal es subjetivo y específico de cada persona. Cada uno vive y es afectado por los factores estresantes de la organización según sus propias características personales.

            Así pues, los factores personales, nuestra propia forma de “vivir” la influencia de los factores externos, son determinantes en el nivel de estrés que puede experimentarse y es en este punto donde la puesta en práctica de los criterios expuestos sobre la Inteligencia Emocional pueden ayudarnos a minimizar los efectos de los factores estresantes.

Gestiona tu estrés


            Para disminuir los efectos del estrés, o para evitar sufrirlos, podemos utilizar las competencias emocionales.

            Mediante las competencias emocionales personales (Autoconciencia, Autocontrol y Automotivación), podemos objetivizar la influencia de los factores que determinan el estrés, relativilizándolos, modificando nuestra percepción y adecuando nuestro comportamiento laboral a unos patrones de estrés positivo.

            Las competencias emocionales sociales (Empatía y Habilidades Sociales) nos permitirán proyectar hacia el exterior nuestra actitud, creando equipo, explicando nuestros puntos de vista y, quien sabe, modificando algunos de los factores estresantes de la organización.

1.      Competencias emocionales personales

a) Autoconciencia emocional.

            Debemos, en primer lugar, tomar conciencia de nuestra situación emocional. Ser conscientes de cuales son nuestros sentimientos y sus causas.

            La toma de conciencia de nuestras propias emociones constituye la habilidad emocional fundamental, la base sobre la que se soportan otras habilidades como por ejemplo el autocontrol o la automotivación.

            Una situación de abatimiento no consciente no es la mejor para decidir abandonar un trabajo que podamos echar de menos en un futuro, de la misma forma que una situación de ira no consciente no es la más apropiada para reclamar una responsabilidad que al rato, cuando estemos tranquilos, nos puede pesar.

La falta de conciencia de nuestras propias emociones puede ser desastrosa especialmente en momentos en los que debemos tomar decisiones de los que puede depender nuestro futuro.

            Una vez que somos conscientes de nuestras propias emociones estamos en situación de plantearnos los hechos de una forma más objetiva: ese temor, esa ansiedad tienen realmente justificación. ¿Realmente que podemos perder? ¿Disponemos de otras alternativas?.

            Nos permite, en definitiva, desembarazarnos de estados de ánimo negativos, plantearnos alternativas y, al hacer conscientes nuestras emociones, reducir la ansiedad.

            Es decir, nos permite controlar las emociones y de esa forma lograr un mayor equilibrio emocional y una mayor resistencia a la frustración.

            B) Autocontrol emocional.

            Para que efectivamente podamos controlar las emociones debemos hacerlas conscientes sin emitir sobre ellos juicios de valor. Podemos hacer, por ejemplo, consciente un sentimiento de rivalidad hacia otra persona de nuestra organización; si automáticamente lo consideramos un sentimiento inaceptable y lo reprimimos nos estaremos impidiendo poder razonar sobre sus causas y decidir si, a la vista de las razones que nos han llevado a tener ese sentimiento, encontramos justificado mantenerlo o no.

Así pues, cuando hablamos de autocontrol emocional no significa la negación o represión de nuestros verdaderos sentimientos. El enfado puede ser una buena fuente de motivación, especialmente cuando se produce ante la necesidad de reparar una injusticia o un abuso.

            El control adecuado de las emociones nos va ha permitir conocernos mejor y determinar nuestros puntos fuertes así como nuestras carencias o aspectos en los que debemos mejorar.

            c) Automotivación emocional.

            Un adecuado control emocional nos permite abordar la tercera de las competencias emocionales de carácter personal, la automotivación.

            En situaciones de estrés suelen perderse, por la presión de los factores externos o por la “vivencia" personal que hacemos de ellos, una serie de orientaciones personales que nos permiten motivarnos por nosotros mismos para alcanzar nuestros propios objetivos.

            Estas orientaciones o criterios personales nos dirigen hacia un estrés positivo y motivador, alternativo al estrés negativo, paralizante y generador de ansiedad.

            Dichos criterios son:

·         Esforzarse por satisfacer un determinado criterio de excelencia en las tareas realizadas, por el trabajo bien hecho.
·         Actuar con prontitud cuando se presenta la oportunidad.
·         Participar activamente en el logro de los objetivos de tu grupo u organización.
·         Mantener una visión optimista sobre el logro de los objetivos, contando con que, con los propios puntos fuertes y la persistencia necesaria, podemos alcanzarlos de la misma forma que ya hemos alcanzado otros con anterioridad.

2.      Competencia emocionales sociales

a)      Empatía.

Entender los sentimientos, necesidades y preocupaciones de las personas con las que nos relacionamos, desde su interior, poniéndonos en su lugar.

            Si comprendemos sus puntos de vista, las condiciones que les llevan a mantener sus actitudes y tomar sus decisiones, estaremos mucho más cerca de poder modificarlas o encontrar nuevas soluciones alternativas a situaciones que se nos presentan como estresantes.

            Una presión laboral exagerada para conseguir un objetivo puede paliarse presentando una planificación realista que asegure la consecución de dicho objetivo en plazo y calidad suficientes.

            Para ello es fundamental mantener una orientación profesional de servicio, tanto a nuestros clientes externos como internos, reconociendo las necesidades de desarrollo personal y profesional de los demás, contribuyendo a su satisfacción y siendo capaz de percibir las corrientes políticas y sociales existentes en nuestra organización.

b)      Habilidades sociales.

Es la capacidad para exponer planteamientos de forma asertiva y de conseguir de conseguir de los demás las respuestas deseadas.

            Mediante esta competencia podremos, conociendo ya los puntos de vista y condicionantes ajenos, influir en los factores estresantes de la organización.

            Resulta fundamental para el éxito de esta competencia ser pacientes, persuasivos, estar dispuestos a negociar y resolver desacuerdos así como a asumir la necesidad de promover la comunicación en la empresa.

            Es igualmente importante fomentar la evolución y el cambio en la empresa, mostrando una clara disposición a la colaboración para trabajar por los demás, estando dispuesto a asumir el liderazgo de equipo de trabajo y siendo capaces de promover sinérgias grupales para la consecución de objetivos comunes.

Conclusiones
           

            Las influencias negativas del estrés son, sin duda, uno de los problemas más importantes de la actual vida laboral, por sus repercusiones a nivel personal y organizacional.

            Recientes estudios indican que un tercio de la población laboral padece los efectos del estrés que se ha convertido, en los últimos años, en uno de los temas más tratados en Congresos sobre Salud en el Trabajo. En España existen, desde hace años, diversas instituciones para el tratamiento específico del estrés.

            Paralelamente, el problema del estrés ha evolucionado, en el ámbito social, desde la falta de conciencia de su padecimiento hasta la situación actual en la que muchas personas están sufriendo las consecuencias del estrés, con evidente riesgo de enfermar, siendo incapaces de pedir ayuda en la idea, errónea, de no mostrarse débiles. Junto a estos, podemos ver a otras personas que hacen ostentación de su situación de estrés, considerándolo como parte de su status y sin tener en cuenta que existen otras alternativas más sanas e igualmente eficientes de desarrollar una carrera profesional.

            A nivel individual, parece evidente que o aprendemos a dirigir nuestro propio estrés, o el estrés no dirigirá a nosotros.

            Los responsables de las organizaciones, los profesionales de la dirección y especialmente los de Recursos Humanos, deben ser conscientes que éste no es un problema sólo de las personas que lo padecen. Afecta a los trabajadores que lo sufren, a su entorno y a la organización en definitiva.

            La consecución de los objetivos propios de la empresa, es compatible con formas de gestión que reduzcan los factores estresantes, aumentando la planificación, la concreción de responsabilidades, el trabajo en equipo, la delegación y el desarrollo de las competencias emocionales.

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